Para Carlos Vives, el tema ‘Volví a nacer’ es una canción con todo el poder del amor.
El pelao de shorts y cabello crespo volvió con su guitarra y su tumbao. Compactó ritmos caribeños como la cumbia y el vallenato con la champeta e incluso algo de samba en su Corazón profundo, ese que le regala hoy a todos los fanáticos que lo habían echado de menos.
Carlos Vives no concibe la vida –ese sustantivo que se vuelve acción en su apellido– sin hacer música. El crear es su estado ideal, y luego de un receso de casi nueve años sin composiciones propias, no podía decepcionar.
La aceptación de lo que hasta ahora ha representado su nuevo trabajo discográfico ha superado sus expectativas. Volví a nacer –¡y sí que renació!– y Lo que le gusta a tu cuerpo han precedido el camino del álbum en su totalidad, que conformado por 11 canciones, se lanza hoy en Colombia antes que en cualquier otro lugar del mundo. En las discotiendas se podrá encontrar el disco doble (CD+DVD), mientras que en los almacenes Éxito podrá adquirirse, por un precio menor, solo el CD.
Hizo esperar mucho al público para volver a escuchar la sonoridad característica de su música. ¿Cómo soñó su regreso?
Todos los años tenía la esperanza de volver a lanzar un disco internacionalmente. Y en estos últimos años trabajé en varios álbumes, no solo míos, sino de varios artistas como compositor y productor. En esos trabajos seguía ampliando nuestra sonoridad característica para consumo local. Corazón profundo tiene toda la experiencia de nuestros discos anteriores.
¿Qué tanto se transformó para este regreso?
Esto es como la vida de los futbolistas: si dejas de cantar y de brincar, coges peso. En cuanto a eso, creo que no es mi caso, solo un poco de barriguita, pero con el fútbol se logra controlar. El regreso siempre implica ensayos, montajes, y conciertos de tres horas y media.
‘Volví a nacer’ ha supuesto todo un éxito en Latinoamérica. ¿Cuál cree que es el secreto de esa canción?
Es una canción fácil de reconocer como nuestra. Con todo el poder del amor y nuestro estilo romántico.
¿Por qué llamar ‘Corazón profundo’ a este álbum?
Claudia, mi esposa, dijo en algún momento, cuando hablábamos del nuevo disco, que yo tenía que buscar en lo más profundo de mi corazón las historias, los sonidos, etcétera.
¿Cuál fue la conclusión a la que llegó luego de ver, o mejor, escuchar ‘Corazón profundo’ en retrospectiva?
No dejo de pensar en que nuestro primer disco, Clásicos de la Provincia, fue como recorrer un camino nuevo en el que unimos dos mundos: el del pop y el de la música folclórica, pero había mucho de experimentación, había mucho de la alegría que nos producía trabajar con los ritmos que Colombia nos daba como legado: cumbia, vallenato, bambuco, y sonidos como el chandé y las chalupas. Mezclamos, probamos cosas. Habíamos creído que iba a ser más fácil seguir haciéndolo, pero no. La industria pensó que la gente no quería escuchar más eso y no se renovaron los contratos.
Y es entonces cuando hicimos una pequeña guarida donde seguimos experimentando, teniendo a la gente como testigo. Una guarida que sirvió para darnos cuenta de que todavía teníamos mucho que mostrar, que queríamos mostrar, y es cuando ahora surge este trabajo.
Carlos Vives es folclor en sí mismo, pero ¿cómo elige los ritmos foráneos que le impregna a la base de tradición de sus canciones?
No me considero un folclorista, pero nuestro pop está inspirado en las estructuras de nuestra música tradicional. La diversidad de ritmos forma parte de nuestro patrimonio, los amantes de la música colombiana los conocen y están ahí siempre a la mano.
¿Cada canción es susceptible a aplicarle aires de rock, folk y hasta samba, o tiene claro, desde el momento de su composición, con qué ritmo puede fusionar?
Los aires de rock y de folk no son prestados de ninguna parte, nacen al interior de la ‘colombianidad’: cumbias, champetas, bambucos, etc. Todos están codificados a nuevos patrones. Los puedes encontrar ya en nuestros primeros discos. Son tan diversos que fácilmente puedes encontrar su correspondencia en otros ritmos, en especial de origen africano, español o americano.
¿‘El caballito’, ‘La princesa y el soldado’ y ese acercamiento a las canciones infantiles fue el impulso para ‘Pombo musical’?, o ¿cómo llegó este proyecto, con el que ganó un Grammy?
Siempre he dicho que hago música para todos y he tenido el privilegio de tener en nuestros seguidores a varias generaciones de niños y procuro no desalentar nunca a mi propio niño interior, valorarlo y darle la importancia necesaria. Pombo musical se lo debo a mi familia, que me enseñó a valorarlo, y a los músicos bogotanos como Carlos Iván Medina, que siempre me alentó a trabajar musicalmente la obra del inolvidable poeta santafereño.
¿Qué lee Carlos Vives?
Me gusta leer de todo. Historia de todas partes, poesía, cómics, biografías, prensa. La lectura es el mejor ejercicio, es la mejor compañera. Leo mucho.
Además del Caribe y sus expresiones, ¿de dónde obtiene recursos como la tercera persona para narrar historias en canciones’?
Es claro que mi origen caribe marca de forma indeleble mi estilo artístico, pero mi gran pasión es nuestra diversidad colombiana y los recursos salen de una vida muy enamorada (risas).
¿Qué significa ‘La tierra del olvido’ para Carlos Vives?
Es el tema con el que empiezo a caminar solo en la búsqueda de una nueva canción colombiana.
¿Cómo va el proyecto del desconectado?
Todavía no lo hemos podido conectar (risas).
Y la actuación, ¿aún le hace cosquillas?
Se han olvidado mucho de mí en esa faceta. Me han ofrecido algo que no me ha llamado la atención. Pero me encanta, me gustaría volver a la actuación porque es un divertimento increíble y un trabajo muy hermoso. La actuación me dio la alegría de encontrarme con la idiosincrasia colombiana. Hice papeles de boxeador cartagenero, de ciclista tolimense, de joven paisa rebelde de los años 60, de compositor vallenato, es decir, papeles del costumbrismo local de las diferentes regiones del país. Escalona fue el que me hizo entender que mi misión sería renovar la música colombiana... mucho amor por la tierra, por la música.
Por Andrea Jiménez J.
